Estudios científicos acreditados han demostrado que, tras 5 días de inmovilización, tanto las personas jóvenes como los ancianos, hospitalizados o no, sufren grandes adaptaciones en el organismo que incluyen pérdida de masa y fuerza muscular, degeneración ósea (aumentando el riesgo de fracturas), pérdida de sensibilidad a la insulina y una disminución de la capacidad cardiorrespiratoria.


 

De hecho, se ha observado que estos cambios no solo empeoran la salud durante esos días de inactividad, si no que una mayor pérdida de función física durante un periodo de inactividad se asocia con una mayor incidencia de complicaciones posteriores y un mayor riesgo de re-hospitalización.

El experto, investigador colaborador también en la Unidad de Control de Rendimiento del departamento de Deporte y Salud de la Agencia Española para la Protección de la Salud en el Deporte, señala que este estudio aporta nuevas estrategias que permiten mejorar o al menos evitar la pérdida de función física durante estos periodos de inmovilización. Esto es de especial importancia en hospitales, centros asistenciales y en el propio hogar. Las estrategias incluyen desde ejercicios a realizar en la cama, hasta otros métodos más recientes como la electro-estimulación o la vibración.

Evidencia que el ejercicio físico o técnicas como la electro-estimulación o la vibración mejoran de forma considerable la funcionalidad de las personas con movilidad reducida o ancianos. De hecho, en el caso de enfermos afectados por diálisis, se ha comprobado que mejora su fuerza y capacidad funcional. 

Valenzuela indica que hay multitud de estrategias para conseguir evitar la pérdida de función física asociada a periodos de inactividad. ‘Por ejemplo, en situaciones en las que se puede hacer ejercicio voluntario, lo ideal sería realizar ejercicios de fortalecimiento con gomas elásticas, pesos o incluso contracciones isométricas. Además, si la situación lo permite, sería conveniente levantarse a pasear. No obstante, existen ‘pedalinas’ que nos permiten hacer ejercicio aeróbico en posición de sentado, que son las que usamos en pacientes en diálisis, por ejemplo’.

 

Hay otros casos en los que los pacientes no pueden realizar ejercicio voluntario, como en personas muy mayores, en pacientes críticos (por ejemplo, en la UCI) o cuando se tiene un miembro escayolado. ‘Cada vez más, existe la evidencia de que el uso de otras estrategias, como por ejemplo la electro-estimulación, son útiles para prevenir la pérdida de masa muscular en estos casos’, añade.

Los ejercicios que se realizan deben ser muy simples, por lo que pueden ser supervisados por cualquier persona. ‘Ejercicios tan simples como poner una tobillera lastrada y pedir a la persona que extienda la rodilla, levantarse de la silla, el uso de gomas elásticas…Las posibilidades son muy amplias, solo hace falta algo de creatividad y ganas de llevarlo a cabo. Eso sí, en poblaciones clínicas, es decir, enfermos, siempre es necesario llevar un buen control médico’, dice Valenzuela.

¿Qué ventajas aporta la electro-estimulación o la vibración frente a otro tipo de estrategias? La principal ventaja es que pueden ser aplicadas de forma pasiva. ‘Aunque lo ideal es realizar ejercicio voluntario, nos encontramos con muchos pacientes que no son capaces de hacerlo, por ejemplo en personas muy mayores, con enfermedades mentales o en estado crítico. También ocurre que a veces no podemos mover la articulación al tener un miembro escayolado.

 

En todos estos casos la electro-estimulación y el estímulo vibratorio pueden servirnos para provocar contracciones musculares involuntarias, previniendo la pérdida de masa muscular (además de otros beneficios relacionados como aumento de sensibilidad a la insulina, etc). En nuestro último trabajo mostramos cómo la electro-estimulación aplicada en pacientes en diálisis (durante la propia diálisis, es decir, sentados) tres días en semana durante 20-60 minutos es eficaz para mejorar la función física y fuerza de estos pacientes sin provocar ningún efecto adverso’, explica.

El material necesario para realizar intervenciones de ejercicio en el 95% de los pacientes no es costoso: unas gomas elásticas, un kilo de arroz, una silla de la que levantarse… ‘El problema económico viene con otras estrategias como la electro-estimulación o la vibración, que podrían ser útiles en ese 5% de pacientes que no son capaces de realizar actividad física voluntaria. No obstante, si tenemos en cuenta los perjuicios que tiene la inactividad física tanto a nivel de salud como económico (como hemos dicho, un mayor declive funcional aumenta el riesgo de complicaciones y rehospitalización, y con ello el gasto económico sanitario que acarrea), la inversión sería muy probablemente rentable’.

De momento, el nivel de implementación de la electro-estimulación y la vibración en hospitales y centros asistenciales es ínfimo; no así otras estrategias, como los sencillos ejercicios físicos, ‘aunque todavía existe cierta reticencia o miedo a implementar programas de ejercicio en personas muy mayores y/o hospitalizadas. No obstante, la evidencia con respecto a los beneficios que se pueden obtener es muy clara, así que confiamos en que pronto el ejercicio físico sea algo rutinario en este tipo de centros’.

 

Estas estrategias se pueden ampliar a otros sectores que se ven afectados por una inactividad prolongada en los que el nivel de actividad física es muy bajo o nulo, como los pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica o los pacientes en hemodiálisis. ‘De hecho, en una de nuestras líneas de investigación hemos visto cómo la inclusión de ejercicios simples durante las sesiones de diálisis supuso que pacientes que no eran capaces de andar por sí mismos cuando empezaron el programa pudiesen salir a pasear por las tardes a los 3 meses…Un gran avance’.

Información Universidad de Alcalá