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El fenómeno de internet que ha cambiado nuestras vidas nos ha traído muchas ventajas pero también muchos defectos, quizás demasiados, sobre todo a la hora de dar verosimilitud a nuestra libertad de expresión. Y es precisamente la información la que se ha visto agraciada y a la vez castigada por el concurso de múltiples y diversos factores que hacen que el análisis crítico de nuestro mundo sea determinado por unas corrientes donde la manipulación de sentimientos y conciencia hacen mella en nuestra endeble sociedad. Internet se está aprovechando de la conciencia y de los sentimientos de las personas, lejos del pausado ritmo de la reflexión, la cordura  o el entendimiento.

Las sociedades primitivas para gestionar el conocimiento o las estrategias futuras se basaban en la experiencia de los mayores. Unos líderes que hacían caso a su cabeza, lejos de los dictámenes del corazón. Esa evolución nos ha llevado a unos tiempos en los que se imponen unas pautas lejos de las realidades que lo tiempos nos toca vivir.

Hay quien todavía se ampara en aquello de que tiempos pasados fueron mejores, olvidándose de que cada tiempo tiene unas circunstancias y unas características completamente diferentes al día de hoy, como lo de hoy no va a valer sin siquiera al mañana. El mundo camina rápido, excesivamente deprisa y todos estamos sujetos a los vaivenes diarios que la sociedad nos obliga. Ir contra los tiempos suelo ser un yugo que nos puede ahogar.

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Estamos en una sociedad excesivamente politizada. En cualquier palabra, hecho o razonamiento se buscan excusas políticas, la mayoría de las veces para justificar actuaciones fuera de todo razonamiento necesario. Una parte de la sociedad se ha vuelto acomodaticia y silenciosa con todos aquellos parámetros que les pueda beneficiar, despreciando a otra parte de la sociedad castigada por la propia sinergia del ser humano.

El problema surge cuando en vez de hacer políticas equidistantes, se busca el detrimento de unos para favorecer a otros. Una realidad que agrava cada vez más al que sostiene la economía nacional. Esa economía que se sostiene en el día a día, donde en el caso de España repercuten varios y diversos factores.

Un factor que predomina en el día de hoy es el caso de los estibadores, donde su trabajo se traslada a un 20 por ciento del PIB. Un solo día de huelga suponen muchos miles de euros a la economía española, e incrementar los días de paro puede suponer un gran balance negativo para las empresas con notables repercusiones para el mercado laboral con el consiguiente aumento de unas prestaciones por desempleo para unas arcas al límite de su estabilidad. Se supone que la Unión Europea se creó bajo unos parámetros de igualdad, donde los estados asociados, en diversas materias deben de adoptar medidas igualitarias, lo que ocurre es que cuando a uno le  pueden tocar el bolsillo se aleja de cualquier razonamiento comunitario.

Estamos en una sociedad donde solo se mira al presente sin despejar las dudas de un futuro cada vez más tenebroso y sin quien nadie se atreva a portar soluciones, simplemente por que hoy es hoy y mañana las circunstancias son cambiantes. Estamos permanentemente en un mundo de dudas sin que a nadie por unas razones u otras puedan despejarnos sin siquiera el día de mañana.

Ignacio Sánchez

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