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Se acuerdan los mayores, cuando un solo sueldo normalito daba para mantener a una familia, comprar un piso (hipoteca a 10 años, como mucho), un coche, (generalmente el 600) e incluso hasta se podía acceder a un apartamento en la playa, o al menos disfrutar de unas vacaciones durante un mes en la costa con toda la familia.

 

Pues sí, algunos ya jubilados todavía nos acordamos. Y nos acordamos de los economatos de empresa, de los beneficios por navidad y reyes, de los clubes sociales, o incluso los más afortunados disponían de empresas colaboradoras de la Seguridad Social, por cierto con esto acabó Zapatero, y se colapsó la Seguridad Social, por lo menos en Madrid y en las capitales de provincia donde se disponía de esta ventaja para empleados de grandes empresas. Pues sí eran tiempos de la dictadura, que lo vamos a hacer. No había sindicatos, estaban prohibidos. Existían los denominados Jurados de Empresa, representantes de los trabajadores que elegían los propios empresarios. Que mal, ¿verdad?

En Alcalá de Henares en los años 60 se constituyeron un buen número de empresas, Roca, La Seda, Cointra, Ibelsa, etc. Cualquier trabajador que hubiera pertenecido a estas empresas pueden dar testimonio fehaciente de las ventajas sociales que poseían. Y que decir de la franquista Universidad Laboral,  de la que el año pasado se cumplieron 50 años, que pecado, invertir la dictadura en la educación de unas generaciones que han traído internet y todo lo que todo eso lleva consigo.  Pues sí, generaciones contemporáneas de Steve Job o Bill Gates. Quizás a muchos jóvenes no le suenen esos nombres, pero todo lo que en estos momentos tienen en sus manos se debe a estos ilustrados y a muchos de su generación que pusieron las bases de un futuro sin límites.

Será una perorata todo lo que acabo de exponer, disculpen. Pero cuando veo a los liberados sindicales en el último 1º de mayo reivindicando unos argumentos fuera de toda lógica, no me extraña que los jóvenes más avezados puedan caer en la depresión. Entre otra cosas porque los sindicatos con unos líderes viejos y trasnochados no se han adaptado al siglo XXI. Las profesiones cambian, se deben de adaptar a los nuevos tiempos. A la demanda de la sociedad y del mundo laboral. A recuperar ese salario donde la clase media podía vivir más que decentemente. A que las empresas paguen acorde a sus beneficios. A que nadie, por ser de un género u otro se sienta discriminado. A recuperar esos beneficios sociales que permitían conciliar la vida laboral y familiar. A que tus ingresos puedan pagar una hipoteca no más halla de 10 años. A finalizar con las listas de espera de los hospitales. A que la educación pueda llegar en igualdad de condiciones a todas las clases sociales. Y sobre todo a captar un compromiso de equidad, preparación y productividad ante las nuevas incógnitas que el mercado laboral nos depara en el presente y en el futuro, permitiendo que las prácticas en las empresas reciban una compensación monetaria con un porcentaje superior a la de la categoría más inferior. Por cierto esto pasaba con el franquismo. Un auxiliar administrativo interino cobraba más que uno fijo. ¿Curioso no? Pues eso, sindicalistas, luchen por nuestra juventud, por los retos del futuro y adáptense al siglo XXI.

Ignacio Sánchez

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