otro-mundo-es-posible

Una vez curados de la resaca de la Semana Santa, nos volvemos a encontrar con el basurero político y social: corrupción, desafíos soberanistas, violencia machista, despliegues armamentísticos, atentados, catástrofes naturales y provocadas, hipocresía. En suma un sinfín de despropósitos de los que desgraciadamente siempre existen personajes oscuros que pretenden rentabilizar y beneficiarse de la podredumbre de esta sociedad.

 

Y con todos los respetos del lenguaje, la basura, suele atraer a la mierda y esta la utiliza para contaminar en su beneficio todo aquello que esté predispuesto en contra de la libertad del ser humano. A río revuelto ganancia de pescadores, un refrán tópico pero que sirve para apuntalar una serie de desafíos a los que tiene que enfrentarse la sociedad española y también mundial.

Por este motivo cuando uno ve y comprueba que existe otra vida posible, el desprecio es mayor sobre el tipo de sociedad que amparándose en etiquetas populistas determinados colectivos políticos pretenden imponernos.

Mientras la mayoría de los españoles corría desesperado a buscar un hueco donde pasar las vacaciones de Semana Santa, otro grupo más reducido, quizás minúsculo, disfrutaba de su condición humana aportando un beneficio a sus semejantes.

Uno es el caso de los voluntarios que año, tras año acuden a los campamentos de refugiados de personas del antiguo Sahara Español en Tinduf, donde sobreviven unas 60.000 personas en situación precaria y que gracias a un puñado de “locos” que invierten su tiempo y dinero pueden encontrar un mínimo consuelo.

El otro caso, al que personalmente por cercanía quería conocer, es el que realiza el padre Ángel en la parroquia de San Antón en la calle Hortaleza de Madrid con su obra Mensajeros de la Paz.

Y he aquí que una vez más la realidad supera a la ficción. Por este motivo animo a fuera del ámbito de internet, redes sociales o cualquier tipo de propaganda que se pasen por esta iglesia donde se puede comprobar que otra sociedad es posible.

La iglesia, obra del arquitecto Pedro Ribera, fue construida en 1742 como iglesia del hospital de leprosos. Tras muchos avatares que incluso llevaron a su cierre, fue entregada en 2015 a la fundación Mensajeros de la Paz, quienes han convertido esta iglesia del barroco en un monumento a las causas sociales.

Llegué entrada la noche, lo primero que encuentras es una rampa de acceso a minusválidos. A la izquierda de la puerta de entrada una fuente de agua potable. Enfrente una máquina parecida a una expendedora de tabacos. Cuando reparas en sus botones te encuentras que lo que expende es comida de lo más diverso. A sus pies un cesto donde se deja todo aquello que sale de la máquina y que es recogido por los más necesitados. Voy a entrar al templo y dos mujeres con sus mascotas me preceden, me sorprende en principio, pero estoy en la iglesia de San Antón, patrono de los animales y no existe restricción en el acceso para ellos. En la iglesia se respira, paz y sosiego. Una persona con un chaleco de Mensajeros de la Paz me invita a entrar. Es la hora de la cena, sobre los bancos destinados a las personas para asistir al culto han puesto unos tableros y sobre ellos van depositando vasos, platos, cubiertos y demás enseres para el ágape. Varias personas, esperan a que los voluntarios tengan todo listo para ocupar sus puestos. En las paredes un buen número de televisores despliegan propaganda de la labor de Mensajeros de la Paz, supongo que a través de ellos se puede seguir la misa.

Existen diseminados carteles donde indican que existe señal WIFI gratuita. En una de las columnas de la izquierda un buen número de enchufes eléctricos invitan según los carteles a cargar los teléfonos móviles. En otra de las dependencias sobre la puerta un cartel “Cambiador de pañales”.

Sin duda uno está en otro mundo, existen cestos con comida y un significativo rótulo “Da lo que puedas y coge lo que necesites”.

Y es que la parroquia de San Antón constituye un verdadero paraíso entre tanta degradación de la condición humana, con unos valores que sustentan la libertad, solidaridad, tolerancia, derechos humanos, justicia social, igualdad, respeto al medio ambiente, transparencia en la gestión y compromiso y responsabilidad social. Sin duda demasiado para esta carroña que nos desayunamos un día y otro también. Y es que otro mundo es posible.

Ignacio Sánchez

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