los-espanoles-no-somos-tontos

Me niego a creer, eso de que los españoles somos tontos y de que por parte de diferentes ámbitos políticos, económicos o sociales pretendan manejar nuestras vidas. De que esta, aquella o cuál ideología es lo mejor para el ciudadano  o la persona. Lo cierto es que con la escusa del beneficio de determinado colectivo, lo único que se pretende es consolidar un determinado pensamiento siempre beneficioso para esa clase preponderante que deja las migajas a otros como excusa insultante para adquirir un poder ajeno a la realidad de ese colectivo que pretenden defender.

 

En los políticos hay quien renuncia a capitalizar un beneficio por su actividad profesional para profundizar en un sistema de justicia social. Desgraciadamente una parte importante de nuestros políticos están ajenos a los intereses generales y solo piensan en como zaherir al gobierno de turno aunque para ello tengan que usar una demagogia trasnochada lejos del interés general.

Cuando desde las diferentes administraciones territoriales se carga contra el gobierno por el tratamiento económico que se puede dar a la ley de dependencia, a la educación o a la seguridad social, que suele ser en la mayoría de los casos justificados, con todos los respetos, uno que no sea tonto no puede entender que todos los días se paguen 134.000 euros en concepto de multa por el tema de los estibadores. Un colectivo sobrevalorado e hiperpagado con monopolios económicos, sociales, y laborables apenas permisivos con la incorporación de la mujer en este ámbito laboral.

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Que comunidades como Andalucía o Cataluña, por poner ejemplos donde gobiernan partidos de signo contrario al del gobierno central, sean capaces de votar en contra de una ley que nos impone Europa y que nos cuesta 134.000 euros diarios que podrían hacer frente a muchas de las reivindicaciones necesarias en la sociedad, debería de hacer recapacitar el sentido del voto cuando este sea necesario. Indistintamente del credo político, España necesita partidos con sentido de Estado, lejos de las ambiciones personales de sus líderes.

Es un tema de sentido común, aunque ya se sabe que este sentido es el menos común de todos y que desgraciadamente una parte de España todavía no se ha hecho mayor, arrastra demasiado complejos, sobre todo con aquellos de derecha e izquierda y que en vez de buscar el bien común en la generación del orden económico y social usan la manipulación de tiempos pasados para generar el odio ante todo aquello que desconocen. Y desde luego me niego a creer aquello de que los españoles somos casi todos tontos y que vamos como borregos a las urnas.

Ignacio Sánchez

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