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Patria, etimológicamente, es el lugar donde uno nace y nacieron los padres; al concepto de nación, que María Moliner define como la comunidad de personas que viven en un territorio, regido por el mismo Gobierno y unidos por lazos étnicos o de historia, habría quizás que añadir “compartiendo un mismo proyecto colectivo”; y la lealtad a ese proyecto colectivo, que se dota de un orden jurídico democráticamente acordado, está muy cerca del patriotismo constitucional del que habla Jürgen Habermas: tras el “espíritu republicano” de Azaña late, quizás, ese “patriotismo constitucional” que tanto nos puede ayudar en el tiempo presente. República y democracia son, para Azaña, casi sinónimos pues, desde su perspectiva histórica, sólo aquélla podía hacer valer ésta.


 

Más allá de la fascinación que pueda ejercer un personaje soberbio, de enormes posibilidades teatrales, más allá del patetismo y de la dignidad que emanan de su figura, de su convicción profunda en la razón que asiste a sus argumentos, está ese núcleo generador de su palabra: la pasión por España, trazo que funde el más puro lirismo con la defensa apasionada de la libertad y la democracia. Es ahí donde nosotros nos hemos ido reconociendo como españoles y como hombres del siglo XXI .El objetivo de esta lectura estará más que cumplido si logramos no ya transmitir nuestra emoción –limpia de nostalgia y de revanchismo– ante la bellísima expresión de este ensueño de un proyecto común, sino suscitar el interés por esa poesía civil y sagrada, espejo luminoso de lo más valedero y noble de la existencia humana.

Don Manuel Azaña tiene la palabra.
José Luis Gómez


Un reencuentro con el hombre que lleva acompañando la trayectoria profesional de José Luis Gómez desde los años ochenta. Una figura clave en el devenir histórico y político de nuestro país.

Una creación del Teatro de La Abadía