Cientos de fieles, como cada 13 de noviembre, acudieron a la Catedral-Magistral de Alcalá de Henares para venerar el cuerpo incorrupto de San Diego de Alcalá, fraile franciscano que vivió y murió en Alcalá, el 13 de noviembre de 1463.

 

Como cada 13 de noviembre, en conmemoración a su muerte, se muestra a cientos de devotos de San Diego de Alcalá, los restos incorruptos del santo que vivió y murió en nuestra ciudad.

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San Diego, fraile franciscano, en 1456, llega a Alcalá, se traslada al Convento de Santa María de Jesús, que acababa de ser construido por Alfonso Carrillo, arzobispo de Toledo. Éste fue el más antiguo de los conventos fundados en esta ciudad, situado fuera de sus murallas, junto a la actual Universidad. En dicho convento pasará el resto de su vida, siete años, trabajando como jardinero y como portero. Tendría algo más de sesenta cuando murió. Sus restos se encuentran desde entonces en la Catedral de Alcalá de Henares.

 

Habiendo sido popular en vida entre los más humildes, congregó junto a su sepulcro a los más poderosos después de muerto. Enrique IV de Castilla acudió a su sepulcro para pedirle la curación de Juana la Beltraneja. Cardenales de Toledo, príncipes de España, el mismo rey Felipe II después, acudieron junto a su tumba, llevados por un sentimiento de confianza en su santidad milagrosa.

Felipe II hizo llevar la momia hasta las cámaras regias a fin de invocar la mediación divina en la curación de su hijo el príncipe Carlos, cuando en 1562, estudiando en Alcalá de Henares, tuvo una grave caída por las escaleras en el Palacio Arzobispal, dándose un golpe grave en la cabeza. Este hecho se consideraría después milagro y sería popularizado por Lope de Vega.

Reportaje gráfico de Ricardo Espinosa

 

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