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La Universidad de Alcalá, su edificio clásico y principal, el antiguo Colegio Mayor de San Idelfonso, con fachada a la Plaza de San Diego, ocupa una manzana de edificios, entre los que destacan la Fachada de la Universidad, el Patio de Santo Tomás de Villanueva, el Patio de los Filósofos y el Patio Trilingüe. Adyacente se encuentra la Iglesia de San Ildefonso, al otro lado el Colegio de San Pedro y San Pablo, y al fondo el Colegio de San Jerónimo, hoy Hostería del Estudiante, perteneciente a la red de Paradores Nacionales.

La Universidad

La Fachada: Por encargo del Cardenal Tavera se comenzó a levantar esta gran obra renacentista, en 1537, con el diseño y dirección de Rodrigo Gil de Hontañon. Fue ayudado en las tareas de talla por varios arquitectos, como el alcalaíno Claudio de Arciniega, Juan de Miera, Nicolás Ribero, Juan Guerra, Jerónimo Rodriguez, etc, que pusieron su arte en la talla de la piedra caliza de Tamajón (Guadalajara). Las labores de rejería corrieron a cargo de Juan de Villapando y Ruiz Díaz del Corral.

Es un conjunto compuesto por tres cuerpos superpuestos y tres calles verticales, siendo la central de ellas la ocupada por los elementos más importantes. A los lados de esta fachada aparecen sendas alas de dos cuerpos, más bajos que el central.

La puerta se enmarca por una serie de alquivoltas planas en degradación y un cordón adintelado, escoltado como toda la calle central de esta fachada por parejas de columnas de fustes estriados y capiteles de estilo corintio sobre un alto plinto. En las enjutas aparecen sendos angelotes desnudos portadores de guirnaldas, mientras que en la clave del arco otros dos seres angélicos sostienen una cartela con la leyenda AÑO 1543 que fue el de la terminación de esta obra.

El segundo cuerpo ofrece en su calle central un ventanal profusamente exornado en sus bordes, con un medallón en su frontispicio que muestra la talla de San Ildefonso, patrono del arzobispado de Toledo y titular del colegio Mayor al que precede esta fachada. Apoyados en las columnas del vano, sendos soldados. A los lados del frontispicio, dos escudos de armas del apellido Cisneros, por el fundador primero, y cuyo escudo adoptaría como propio la Universidad. Las dos columnas estriadas que escoltan al ventanal, que era la ventana de la Biblioteca, se encuentran sujetas en su parte externa por dos atlantes que las mantienen, y en sus pequeños podios vemos dos representaciones de Hércules, con su clava y escudo en el lado derecho, y ahogando serpientes en el izquierdo.

Finalmente, el centro del tercer cuerpo muestra tallado el escudo heráldico del Rey de Castilla y a la sazón emperador de Alemania, Carlos de Habsburgo, con todos sus aditamentos y timbres, añadidos de las columnas de Hércules y cruces de San Andrés coronadas. En los intercolumnios se muestran dos figuras, Perseo con la cabeza de Medusa en su mano, y Minerva con una pluma y un búho en las suyas. Un frontoncillo remata esta calle central, prodigiosa, con una talla de Dios Padre en busto, bendiciendo con su mano derecha y sosteniendo el globo terráqueo en la izquierda. Sobre el borde del frontón aparecen talladas cuatro figuras humanas unidas por guirnaldas de frutas.

Los paramentos de las calles laterales están ocupados por ventanales, pequeños en el nivel inferior, y grandes en el superior. Profusión de figuras talladas en sus jambas y frontones acentúan el sentido neoplatónico que se le dá al conjunto.  Vemos en los frontones de los cuatro ventanales inferiores que aparecen las imágenes de los cuatro Padres de la Iglesia (San Ambrosio, San Gregorio, San Jerónimo y San Agustín), mientras que en las del nivel superior se muestran en medallones las efigies de San Pedro y San Pablo, con sus llaves y espada respectivamente, y en los plintos de sus columnas Eros y Venus en la de la izquierda, y Minerva con sus atributos femeninos y guerreros en la de la derecha.

El tercer cuerpo, a los lados de la calle central con el escudo imperial, se abre en diez ventanales, cinco a cada lado, de arquería semicircular, escoltados por columnillas que se rematan, después de mostrarnos las gárgolas para escupir el agua de la lluvia talladas con representaciones animales y humanas, en sendos florones o antorchas que suman la balaustrada y que añadidas de las de los extremos hacen la cifra de doce, queriendo representar las lenguas de fuego del Pentecostés, símbolos del Espíritu Santo y del saber de la Cristiandad.