Capilla San Ildefonso

Construida por el arquitecto Pedro Gumiel a inicios del siglo XVI, aunque la facha es obra de Juan Ballesteros entre 1599 y 1601. Esta fachada se corono por una esbelta espadaña que ahora se encuentra, en cualquier época del año, ocupada por nidos de cigüeñas. Faltan las campanas que se fundieron con el bronce de los cañones tomados por Cisneros a los moros de Orán. El muro es de ladrillos con piedras talladas en las jambas y arco, sobre el cual aparece un relieve tallado representando la imposición de la Casulla a San Ildefonso.

La capilla
de San Ildefonso

La iglesia es de una sola nave, con dos espacios sucesivos separados por un gran arco toral. Toda se cubre por artesonados mudéjares trabajados en madera con la técnica de par y nudillo y policromada con dibujos de candelieri, además de octógonos y estrellas de ocho puntas. En sus esquinas aparecen ochavos decorados con escudos cisnerianos. Los artesonados apoyan en el muro sobre un arrocabe o friso, de madera decorada con cruces, escudos, arpías y representaciones de la Imposición de la Casulla a San Ildefonso.

Los muros están decorados con grandes superficies de yeserías trabajadas a cuchillo y con un estilo en el que lo gótico-mudéjar se mezcla a lo renacentista, adquiriendo un valor propio que podría denominarse “estilo Cisneros”. Es una sucesión de arcos mixtilíneos, coronados por cresterías con cruces arbóreas, mientras un cordón franciscano recorre tallado el borde de toda la estancia. En el presbiterio del templo aparece un altar de la escuela navarra procedente de Quintanilla de Onésimo. En esta capilla fueron enterrados algunos ilustres personajes de la Universidad, el arquitecto Pedro Gumiel, el médico Francisco Vallés, Antonio de Nebrija y muchos de los autores de la Biblia Políglota. Pero el principal enterramiento es el de Francisco Ximénez de Cisneros, en un mausoleo funerario que es una de las joyas más importante de la escultura funeraria española.

Nada más morir, en el otoño de 1517, los responsables de la Universidad encargan la talla de su sepulcro a Domenico Fancelli, autor también de los mausoleos de los Reyes Católicos y su hijo Juan. No lo acabó Fancelli, al fallecer durante el trabajo, siguiendo la tarea Bartolomé Ordóñez, que también fallecido pasa el relevo a su discípulo Pietro de Carona, y lo termina en 1521. Posteriormente los restos de Cisneros se trasladan a la Iglesia Magistral.

El mausoleo de Cisneros está esculpido en mármol blanco de Carrara, aparecen dos cuerpos superpuestos, el inferior,  más alto, de paredes rectas, muestra en sus esquinas cuatro grifos alados, y en sus paneles laterales figuras que aunque decapitadas se identifican con las enseñanzas clásicas del Trivium (Gramática, Retórica y Didáctica) y el Quadrivium (Aritmética, Música, Astronomía y Geometría) más la Teología, apareciendo en el centro de los cuatros costados sendos medallones con las figuras de los Padres de la Iglesia Española (San Eugenio, San Leandro, San Isidoro y San Ildefonso). El cuerpo superior ofrece en sus costados filigranas sin cuento y representaciones bíblicas, mientras que en sus esquinas aparecen los cuatro Padres de la Iglesia Española (San Jerónimo, San Gregorio, San Ambrosio y San Agustín). Encima del todo, revestido con las vestiduras episcopales, tocado de la mitra, y las manos unidas en oración, aparece el Cardenal Cisneros, difunto, dando la cara al altar.