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En la Calle Colegios, se alza esta pequeña edificación religiosa. La tradición dice que surgió para alojar en sacro lugar una talla de Cristo aparecida en la muralla primitiva de la villa.
En el siglo XVI volvió a reedificarse, ofreciendo un pequeño templo para el culto del Cristo crucificado que llaman Universitario porque era tradición que los estudiantes se encomendaran a él para tener éxito en los exámenes.

Ermita del Cristo
de los Doctrinos

En la parte posterior de la ermita hubo un pequeño corral al que llamaron de Mataperros, donde se enterraban quienes morían fuera de las normas canónicas (suicidas, delincuentes, etc) y en ese corral se da por seguro que nació la Compañía de Jesús, pues allí acudía Ignacio de Loyola, siendo estudiante de la Universidad, con otros amigos entusiasmados con la idea de crear el instituto luchador y cristiano que dio origen a los jesuitas. Los calasancios también dan a esta ermita de los Doctrinos por su lugar de nacimiento de la orden.

Aquí tuvo su asiento, desde 1661, la Cofradía del Cristo de los Doctrinos, una de las más antiguas y populares de Alcalá.

De aspecto sobrio, en su portada destacan los escudos de Cisneros y un reloj de sol en el que se lee la frase “HOMO VELUT UMBRA FUGIT”, que alude a la fugacidad de la vida. En el interior, encontramos la talla del Cristo de los Doctrinos y los restos del enterramiento de doña Catalina de Gamboa y Mendoza. En el posterior Corral de Mataperros, se hicieron reformas convirtiéndolo en un jardín decorado por cuatro quimeras aladas procedentes del Palacio Arzobispal, y una escultura de San Diego de Alcalá, regalo del Ayuntamiento de la ciudad californiana de San Diego.