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Era una de las joyas más importantes del arte español de todos los tiempos, pero a día de hoy quedan pocos elementos en pie, debido a un incendio que se produjo en agosto de 1939 que acabó con gran parte del edificio.
Fue construido a partir de 1209, a instancias del entonces arzobispo toledano y señor de Alcalá Don Rodrigo Ximénez de Rada. Este palacio se inició como fortaleza militar y alcanzó pronto la importancia histórica que sus constructores le supieron dar.

El Palacio
Arzobispal

Reconstrucciones progresivas, ampliaciones, mejoras artísticas, fueron haciendo de este edificio una referencia clave en la historia de Castilla. Aquí se firmó el Tratado de Alcalá en el que los reyes Fernando de Castilla y Aragón, en 1309 se repartieron la conquista de Al-Andalus. Aquí se reunieron Cortes Generales en 1348, y aquí vivieron los Reyes Católicos, naciendo su hija pequeña Catalina, que posteriormente se convirtió en Reina de Inglaterra) y su hija Juana I, llamada “Juana la Loca”, de la que nació, también en sus estancias, Fernando, el hermano menor del Emperador Carlos, y que llegaría a ser rey de Bohemia y emperador de Alemania.

Era normal que los Concilios de la Archidiócesis toledana se celebran en sus salones, y de hecho uno de los más hermosos que tenía, cubierto de un artesonado mudéjar portentoso, fue utilizado para ello y llamado así, salón de los Concilios.

La gloria le llegó al edificio en la primera mitad del siglo XVI, cuando los arzobispos Fonseca y Tavera llamaron al arquitecto oficial de sus estados para construir de nuevo este palacio, ya en filigrana plateresca. Un patio rectangular cuajado de arquerías y arquitrabes, con una escalera magnífica de tres tramos envuelta en finas tallas de grutescos. Salones y patio diversos, escudos y esculturas, todo hacía sobresalir al Palacio Arzobispal como una de las mejores piezas del Renacimiento castellano.

Hoy en día se puede admirar su fachada, en realidad una crujía del antiguo patio de armas, y dos cuerpos laterales. La fachada está construida en sillarejo, con un nivel superior de ventanas, y un gran escudo tallado en terracota del que fuera Cardenal Infante Luis Antonio Jaime de Borbón, hijo de Felipe V y de Isabel de Farnesio. Las fachadas laterales son de estilo gótico-mudejar, con ventanales de tracerías neogóticas, fruto de una restauración de finales del siglo XIX a cargo de los arquitectos Urquijo y Laredo. También lucen escudos de los obispos Fonseca, Tavera y Contreras.

Hoy está ocupado por el Obispado de Alcalá, y en su planta baja existe un gran salón de actos.