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Construido en 1884 por Manuel José de Laredo y Ordoño, arquitecto y pintor que además destacó en la política, siendo alcalde de Alcalá entre 1891 y 1892. Además se dedicó a restaurar edificios de Alcalá, centrándose en el Palacio Arzobispal principalmente, pintó retablos para iglesias y levantó planos de muchos monumentos españoles.
Laredo interpretó el edificio en clave artística y en dimensión romántica. Obra del eclecticismo finisecular, prepondera el estilo neomudéjar con toques del gótico, renacimiento, árabe, pompeyano y modernista. La forma de los espacios es complicada de forma deliberada, con salones irregulares, alturas diferentes en los pisos, escaleras estrechas, puertas falsas, miradores, ventanales, cupulillas y terrazas, todo ello conformado, en un espacio reducido, una complejidad ambiental que rememora, en pequeño, el delirio de Luis de Baviera en su exuberante castillo de Neuschwanstein.

El Hotel
Laredo

A la arquitectura y adornos creados por el autor se añaden piezas arqueológicas originales de diversa procedencia y por él adquiridas en sus viajes, del castillo de Santorcaz se trajo las bóvedas y columnas de los salones medievales, pone artesonados y cupulines del Palacio de Don Antonio de Mendoza de Guadalajara, añade columnas del jardín del Convento de los Jesuitas de San José del Monte en Loranca y azulejos hispano-árabes del Palacio de Pedro I el Cruel de Jaén, así como elementos de otros viejos edificios de Toledo y de Alcalá.

El interior es deslumbrante, algunas de las salas está decorada en estilo morisco y todas llevan decoración en artesonados, yeserías y azulejos en los muros. Algunas ofrecen pinturas  al fresco con motivos platerescos y pompeyanos, imitando falsas arquitecturas, y los ventanales tienen vidrieras de policromía. Hasta los sótanos ofrecen arcos y escaleras con detalles artísticos.

Destacan en el interior, el salón del Alfarje, situado en la entrada del edificio, y el salón de Reyes, centro geométrico del palacio, que está cubierto por una bóveda gótica del siglo XIV procedente del Castillo de Santorcaz. El nombre del salón se debe a las pinturas al fresco que representan a todos los reyes castellanos desde Alfonso XI hasta Carlos I, todo ello enmarcado en roleos, escudos y motivos geométricos que cubren los vanos.